• Shibari dojo en Gijón

    El Dojo

    Dojo, del japonés dōjō (道場): "lugar para viajar por el Camino". Entendiendo e interpretando el término como espacio de aprendizaje inmersivo del shibari kinbaku

En ningún momento pretendemos replicar un espacio japonés, sino crear uno adaptado a nuestra propia identidad, forma de vivir y hacer las cosas. Con lo que sí que prestamos atención a ciertos detalles formales, como su disposición, la orientación, o las fuda identificativas en la pared y la entrada.

Formamos parte de una escuela (el yagami-ryu) y enseñamos una disciplina (shibari kinbaku) originarias de japón, así que, por respeto y coherencia, adoptamos ciertas formas y tradiciones, filtrándolas con nuestro propio tamiz. Ya que no se trata de imitar, sino de aprender para generar algo nuevo, propio y hermoso.

Shibari Dojo en Gijón (Asturias)

Atelier junto al río

En la banderola de entrada puede leerse "el atelier junto al río", y es que nuestro dojo está inmerso en la naturaleza, en una finca ajardinada de 2 hectáreas, en plena zona rural de Gijón. Lo que nos permite desarrollar buena parte de las actividades al aire libre.

Alejarnos de lo urbano y abrazar la naturaleza resume cómo entendemos la enseñanza y vivencia del shibari kinbaku: Buscando la belleza en el interior de las personas, no en su exterior. Observando lo que ya existe y es perfecto. Sin complicarnos la vida.

Y sobre todo; permitiendo y facilitando que cada persona que visite el dojo pueda crecer y desarrollar su propia forma de hacer y vivir el shibari, sin imponer formas, ni limitar su crecimiento.

Practicando shibari en la munster

Historia

Todo esto comenzó con el cambio de siglo. Un refrán lo resume, el diablo los cría y el viento los junta.

En la costa norte sopla siempre el viento del nordeste, y debió ser su constancia la que hizo que coincidiésemos un grupo de pervertidos con gusto por la restricción, el porno japonés y ganas de satisfacer las inquietudes eróticas que nos agitaban.

Así que después de un tiempo viéndonos en lugares y espacios públicos, en 2005 decidimos abrir un espacio (Nawakai Gijón) en una nave compartida con otros colectivos y creadores que también buscaban un lugar donde crear, crecer y expresarse, fueron los años de La Munster.

Allí organizamos talleres (incluso Hajime Kinoko nos visitó) y fiestas (unas privadas, y otras abiertas al público), como los "Secret Spot" en los que se fusionaban shibari y música electrónica en sesiones ante un reducido grupo de invitados al tiempo que eran transmitidas por streaming. O los "Vermunster", eventos que comenzaban a medio día y en los que se sucedían actuaciones hasta la puesta de sol, compartiendo escenario con artistas como Pablo und Destruction o Fee Rega.

Demo shibari de Kinbaku Luxurya en el KinkyClub de Gijón

Años locos y creativos, que nos llevaron crecer y contar con espacio propio. Fue cuando nació el Kinky Club, un local de más de 100 metros cuadrado acondicionado para la práctica y la organización de eventos. Especialmente, talleres.

Instructores como Kinbaku Luxuria (Ricardo Wildties y Ale Redsabbath), Isabelle Hanikamu y por supuesto, Yagami Ren, aportaron su conocimiento y compartieron con un público entregado y ávido emociones su pasión por el shibari kinbaku.

En aquella época volcamos nuestra actividad hacia la faceta más social del shibari, fiestas, espectáculos (como las performances junto a músicos como Cesar Maltrago), eventos como las imborrables "Shibari GastroNight", e infinidad de maravillosos instantes compartidos con una larga lista de amigos, conocidos y algún que otro ser despreciable.

Yagami Ren Shodo (caligrafía japonesa)

Pero el tiempo pasa, y según se acercaba el cambio de década, nuestros intereses y forma de vivir y entender las cosas nos pedía calma, una vivencia más pausada para poder apreciar cada instante y cada detalle compartidos por medio del shibari kinbaku.

Así que optamos por trasladarnos al campo, y abrir el dojo con Yagami Ren como "padrino" y su estilo de shibari como hoja de ruta.

Pero sin cerrarnos a otras formas de hacer y entender el bondaje japones, contando con compañeros de viaje como Barkas y Addie, que nos dejaron su mapa del shibari para ampliar miras y recorridos.

Entonces todo se paró, tiempos de pandemia, confinamientos y prohibiciones sociales. El dojo siguió funcionando, en petit comite y online (con nuestro "shibari-dojo virtual").

Y este periodo, junto a todo lo vivido anteriormente, contribuyo a modelar lo que hoy somos, enlazando esta última línea con la primera del escrito, como si de un círculo zen se tratase.