Desde finales de los años 90, compartía con un grupo de amigos intereses e inquietudes diversos que nos llevaban a organizar actividades y eventos a medio camino entre la provocación y la experimentación. Por lo general, tenían una gran aceptación: era una época en la que, en una pequeña ciudad del norte, aún se sentía hambre y ansia por lo novedoso y lo diferente.
Ciclos de cine expresionista alemán, un festival de cine gore en el teatro municipal, proyecciones de porno duro gay en un fortín militar abandonado, conciertos, fiestas… Cada vez más orientados hacia los eventos performativos.
Fue entre 2003 y 2004 cuando todo esto del shibari (縛り) apareció en nuestras vidas.
Por aquel entonces trabajaba en la industria audiovisual y había participado en algunas producciones de la época dorada del porno en España; incluso había producido algún corto de temática fetish. Desde el año 2000 gestionaba la web fetichismo(.tv).
Por entonces, una amiga y modelo habitual en mis sesiones fotográficas se enfrentaba a la última oportunidad para obtener su titulación universitaria, y no estaba muy segura de sus opciones. En un momento de inspiración —supongo que etílica— se me ocurrió apostar: si ella aprobaba la convocatoria, yo aprendía a hacer eso de las ataduras japonesas que tanto nos llamaba la atención en el alt-porn de aquella época.
La apuesta era un disparate. Siempre fui famoso por mi falta de habilidad manual. Aun así, sellamos el pacto y, unos meses después, ella superó con éxito los exámenes y obtuvo su titulación.
En mi casa las apuestas se pagan: me armé de valor, compré «cuerda para shibari» en eBay, un libro de Midori, otro de los Two Knotty Boys y, lleno de entusiasmo, me sumergí en internet. Descubrí, para mi sorpresa, que más allá de los foros de Yahoo poblados por atadores americanos y europeos, existía un mundo lleno de shibari japonés en Twitter.
Durante meses practicamos en casa. Ya en la primera prueba nos atrapó la «belleza del bondage japonés». Las sensaciones y la facilidad con la que podía manejar la cuerda nos sorprendieron a ambos.
Ahí empezaría una larga historia. Todo por una apuesta.