En Escuela de Shibari - Gijón Shibari Dojo entendemos que ambas partes, quien ata y quien es atado, están en un mismo plano en la práctica del shibari.
Ambos roles son igual de importantes y tienen un papel activo en la aplicación de la técnica.
Al igual que en un baile, durante el shibari, los dos aportan y establecen un diálogo con el propósito de conocerse mejor, descubriendo juntos diferentes facetas emocionales de cada uno.
Este proceso es inviable sin igualdad de poder. Desde ese punto de partida, con el shibari propiciaremos que las emociones fluyan de forma natural y honesta.
Este enfoque no excluye la vivencia del shibari desde relaciones que impliquen asimetría de poder o incluyan elementos de tortura (como en el caso del BDSM), pero sí requiere una modulación para un uso lógico y óptimo de la técnica.
En el estilo de shibari que enseñamos, la asimetría de poder es reemplazada por una asimetría en el acceso a los recursos o, por así decirlo, en la capacidad de gestión del contexto y las acciones, estableciéndose esta asimetría como base de la restricción implícita en la técnica del shibari.
La persona atada:
Aprenderá a percibir su cuerpo, entender lo que le está diciendo y utilizarlo para vivir de forma activa el shibaru.
No es un enfoque meditativo o contemplativo de dejarse hacer, sino todo lo contrario.
Durante las primeras sesiones tendrá que realizar un trabajo duro e intenso, tanto a nivel físico, manejando su respuesta activa, como aprendiendo a comunicarsela a la persona que ata.
El objetivo: maximizar la seguridad conociendo su cuerpo.
A medida que se avanza en la formación, el trabajo se centrará cada vez más en la comprensión y análisis de lo que sucede durante la sesión.
La persona que ata:
Por su parte, la persona que ata realiza un recorrido inverso: primero, analizando y comprendiendo lo que sucede durante la sesión, aprendiendo a guiar y, sobre todo, a escuchar e interpretar y adaptarse a lo que le dice el cuerpo de la persona atada; para, en una segunda fase, trabajar sobre las herramientas de gestión con las que maximizar la experiencia de ambos.
El hecho de que no utilicemos términos como top-bottom, bunny-rigger o similares se deriva de esta forma de entender el shibari, pero no debe suponer ninguna obligación al respecto para quienes acuden como alumnos, ya que en el dojo nos limitamos a enseñar una técnica, no a decirle a nadie cómo debe vivir su erótica.
Durante las clases trascendemos los roles establecidos, ya que buena parte de los ejercicios deben realizarlos ambas partes, siendo su finalidad comprender cómo funciona la técnica y generar dinámicas entre ambos.
Por ese motivo, dado que ambas partes deben trabajar por igual, una parte juntos y otra cada uno por su cuenta, cuando entregamos diplomas de aprovechamiento de los cursos, no lo hacemos "al atador" o a "la modelo" (sesgo de género intencional), sino a la persona a título individual.