2020 estaba siendo un desastre: el virus cobrándose vidas por todo el planeta, la población encerrada en sus casas...

Por lo que nos corresponde, la decisión de trasladarnos a la zona rural, fuera de la ciudad, fue todo un acierto. No podíamos mantener actividad, pero por lo menos estábamos al aire libre.

Eso sí, todos nuestros planes a la porra. La actividad cotidiana suspendida, y un taller con Yagami Ren previsto para verano, con grandes dudas sobre qué hacer con él durante varios meses (los encierros no estaban tan claros), hasta que al final optamos por suspenderlo y asumir las pérdidas generadas.

Tocaba aprovechar cada resquicio para vivir y compartir.

Con lo que, coincidiendo con un momento de relajación en las normas, convocamos nuevamente un Bondage Picnic para quemar en la hoguera todo lo malo que estaba pasando. Fuimos un grupo muy reducido, pero la sensación de unidad y la alegría de poder reunirnos nuevamente nos dieron ánimos y refuerzo para el largo camino que quedaba por recorrer hasta la «normalidad».

Texto promocional

El plan: reunirnos (hasta el máximo permitido por la ley en espacios abiertos) para merendar, disfrutar del bondage y cerrar la jornada con una hoguera (¡San Xuan!).