Cada persona tiene un ritmo de aprendizaje, una disponibilidad para practicar y unas circunstancias diferentes. Por ello, no establecemos una duración cerrada para el programa ni un calendario con plazos o fechas límite.
Cada clase está diseñada para requerir aproximadamente 10–12 horas de trabajo en el dojo. Este tiempo corresponde al trabajo presencial y no implica que una clase deba completarse necesariamente en una única sesión.
Después de cada formación en el dojo es necesario disponer de tiempo para asimilar los contenidos, practicar y desarrollar la soltura necesaria antes de continuar.
El programa es secuencial: no se avanza a la siguiente clase hasta que existe un nivel suficiente de dominio y soltura en las técnicas trabajadas anteriormente.
Este planteamiento también responde a la propia naturaleza del aprendizaje. La adquisición de las bases y los fundamentos suele ser la parte más exigente y requiere más tiempo. Una vez que estos conocimientos están asimilados, la curva de aprendizaje se acelera y resulta posible incorporar nuevos contenidos con mayor facilidad.
¿Cómo recomendamos organizar las clases?
Nuestra recomendación es realizar cada clase en una sesión intensiva de jornada completa, o dividirla en dos sesiones consecutivas de media jornada.
Una carga mayor no suele ser recomendable debido a la intensidad física e intelectual de la formación.
Entre una clase y la siguiente recomendamos dejar aproximadamente dos meses para practicar, asimilar los contenidos y consolidar las habilidades adquiridas.
No obstante, estos plazos son una recomendación, no una obligación. El ritmo final dependerá de cada persona y de su proceso de aprendizaje.
¿No tenéis claro cómo organizarlo?
Consultádnos y diseñaremos un programa a medida, adaptado a vuestro ritmo de aprendizaje, disponibilidad y necesidades.